Flores de las tinieblas

¡Buenas tardes, familia! ¿Cómo han ido estos días? Me parece a mí que el calorcito no nos va a dar mucha tregua… menos mal que ya tenemos aquí mismo el gran mes de las vacaciones, ¡el ansiado agosto! Y el blog también va a bajar la persiana por vacaciones, que toca un poco de descanso y relax. Nos veremos en septiembre con nuevos contenidos y mucha energía. ¡Prometido! Pasemos a la acción.

 Cuentos crueles1. Título del libro: Cuentos crueles

2. Autor: Auguste Villiers de l´Isle-Adam (1838-1889)

3. Editorial: Austral Edición Especial

4. Año de publicación: 2012

5. Número de páginas: 160

Francia es uno de los países con más tradición en cuanto al género del cuento se refiere. ¿Quién no recuerda a los célebres de Charles Perrault, Balzac, Flaubert o Maupassant, por ejempo? Sin embargo, hay otros autores que han pasado más desapercibidos, y no sé exactamente el porqué de la razón. Hace algún tiempo llegó a mis manos un libro con una portada que me enamoró (la combinación del negro con el rojo me encandila, sí), de modo que leí la contraportada para ver de qué se trataba exactamente y qué se podía trazar en mi horizonte de expectativas. Villiers de l´Isle-Adam, ese es su nombre. Auguste_de_Villers_de_L'Isle-AdamY quizás muchos no lo conozcáis, pues ni yo tampoco lo había escuchado nunca, pero este escritor dejó a su muerte una prolífica estela de publicaciones, así como una notable incursión en varios géneros literarios. Escribió desde poesía hasta cuentos y novela pasando por el teatro. En el caso que nos ocupa, Cuentos crueles es una recopilación de estos mismos, que se publicaron en los grandes diarios de la época y que incluso se prolongaron posteriormente a su muerte. No obstante, y si bien es cierto que su mayor repercusión la obtuvo en su país natal, algunos de sus cuentos se publicaron por primera vez en otros países.

No nos dilatemos más, pues, y analicemos el cuento que hoy es objeto de análisis. En esta ocasión voy a centrarme solamente en uno de ellos, no voy a reseñar la obra en general como hago siempre. Vamos a variar un poco, sí. ¿Por qué? Porque al tratarse de un cuento muy breve puede leerse en cualquier momento, y si anotamos la obra completa, puede postergarse y acabar por no leerse (como pasa en muchas ocasiones por falta de tiempo).  “Flores de las tinieblas” se trata de un breve cuento que no sobrepasa las cinco páginas y que es un buen ejemplo de la prosa simbolista. Esta afirmación se basa en una serie de aspectos que Villiers de l´Isle Adam deja en su composición a modo de estela y que no dejan de ser delatores de esta corriente. Para empezar, el motivo del cuento nos adentra en un entorno de misterio, que nos conecta con aquello que se intuye fuera de las cuatro paredes de lo inmediatamente visible o racional. ¿Cuántas veces hemos visto, admirado, tocado y regalado flores? Creo que todos diríamos: “muchas”, pero ¿alguna vez nos hemos parado a pensar en su origen? ¿De dónde proviene ese ramo que nos han regalado? ¿Cuál ha sido la cuna de esa maravillosa flor que nos han regalado como muestra de amor? Precisamente estas preguntas son las que nos aclara Villiers de l´Isle-Adam en forma de cuento bajo un envoltorio que no es difícil de identificar con el estilo simbolista que comentábamos antes.

¡Oh, los bellos atardeceres! Ante los brillantes cafés de los bulevares, en las terrazas de las horchaterías de moda, ¡qué de mujeres con trajes multicolores, qué de elegantes “callejeras” dándose tono! Y he aquí las pequeñas vendedoras de flores, que circulan con sus frágiles canastillas. Las bellas desocupadas aceptan esas flores perecederas, sobrecogidas, misteriosas…

—¿Misteriosas?

—¡Sí, sí las hay!

Existe, —sépanlo, sonrientes lectoras— existe en…

Este hecho se aprecia en una prosa que aboga por el misterio, sí, y también por todo aquello que le es cercano, que encuentra en lo paranormal una vía de escape, en lo espiritual otro canal para el alma y que se siente atraído por lo que va más allá de la realidad. El francés logra crear en tan poco texto un aura envolvente, sutil y al mismo tiempo suntuosa, de esas que te arrastran a leer hasta la última letra, que forjan un in crescendo sin que te percates explícitamente. Está claro que el autor se adhiere a la escuela del arte por el arte, y que emplea el lenguaje como un instrumento delicado para conseguir su fin. Villiers de l´Isle-Adam nos narra sobre flores, sobre hechos borrascosos, nublos y paradójicos, sobre orígenes desconocidos que lo encuentran a él como el maestro que nos abre la puerta al conocimiento. Todo se engrana con los mecanismos del lenguaje refinado, elitista, cargado de sugestión y de metáfora, que dibuja de lejos a una mujer que no deja de ser el objeto del placer hedonista y que nos acerca a lo lejano a través de lo cercano sin caer en lo popular. El tono, a su vez, nos infiere esa sutil agudeza, esa jocosidad en mínima dosis que crea una perfecta degustación. Indispensable para este verano.

 

 

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