Una hermosa doncella

¡Hola, amigos! ¿Cómo va vuestro domingo? ¿Y lo bien que van estos puentes? 😊 Pues no se hable más, hoy os traigo una reseña literaria acerca de una obra de Joyce Carol Oates, la reconocida escritora norteamericana. Tomad vuestro ratito de relax y… ¡comencemos! ¡Abrazos para todos! 💙

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1. Título:Una hermosa doncella

2. Autor: Joyce Carol Oates

3. Editorial: Punto de lectura

4. Año de publicación: 2012

5. Número de páginas: 224

La figura de la joven Lolita que juega a ser mayor la conocemos todos, pero mi primera pregunta es: ¿qué pasa con aquellas Lolitas que no lo son porque ellas lo deseen, sino que lo son porque, de algún modo, la sociedad se lo ha impuesto? Esta es la cuestión que ha asaltado mi mente una vez he cerrado la tapa del libro y me he quedado pensando unos instantes (como siempre suelo hacer). No obstante, y antes de adentrarme en aspectos de la obra, debo reconocer que era la primera vez que leía a Oates, porque si bien es cierto que siempre había tenido pendiente leer a una de las escritoras norteamericanas más polifacéticas y reconocidas de los últimos tiempos, nunca lo había hecho por un motivo u otro (entiéndase falta de tiempo). El caso es que, por fin, este libro llegó a mis manos y me dispuse a descubrir a esta mujer nacida en Estados Unidos en 1938, la cual también ha sido propuesta varias veces para ganar el Nobel de literatura.

“La vida de Katya Spivak, una adolescente de dieciséis años, cambia el día en que conoce a Marcus Kidder. Esa mañana de verano ha salido a dar un paseo por las refinadas calles de Bayhead Harbor con los dos pequeños que tiene a su cargo, cuando se le aproxima un elegante y canoso caballero de apariencia inofensiva e incluso agradable. Su preciosa casa, los libros infantiles que ha escrito, su música clásica, las maravillosas obras de arte de su estudio, los generosos regalos que él le hace: la vida del señor Kidder no puede ser más distinta de la monótona existencia de Katya en el entorno obrero de su hogar, ni más tentadora. Sin embargo, con el correr de los días, algo cambia de forma casi imperceptible. Ella sabe lo que hay en juego: él la desea pero, ¿qué es lo que quiere en realidad de su «hermosa doncella»? Y ¿hasta dónde llegarán ambos para alcanzar sus metas?”. Si partimos de la sinopsis que se nos brinda, muchos podemos pensar lo siguiente: “la típica relación que se establece entre un hombre mayor y una adolescente/chica joven”. Pero no, esta vez nos equivocaríamos y perderíamos la apuesta ante Oates. Pero lo más grave no sería perder la apuesta, en todo caso. Lo grave sería dejar de leer esta obra que puede leerse perfectamente en un fin de semana (si dispones de tiempo libre, claro) porque no es demasiado extensa y poder apreciar el savoir faire (¿tendría que decir en este caso el savoir écrire?) de la norteamericana.

JoyceCarolOatesA través de un estilo fresco, ligero, directo y de un lenguaje que en ningún caso busca lo farragoso, la autora nos hace partícipes del verano de Katia, una chica que al principio veremos como a una simple protagonista, pero que a lo largo de la obra la veremos como a ese personaje que nos brinda su alma, sus sentimientos y sus contornos interiores para finalmente llegar a verla como a una chica que intuimos, comprendemos pero que también se nos puede escapar en cualquier momento, puesto que todo buen ser humano tiende a caer en la irracionalidad en un momento u otro. Oates teje una historia que me ha recordado a una herida, es decir, que va de lo general a lo concreto, de menos a más, de lo superficial a lo profundo, que resigue en un principio una línea general para ir penetrando poco a poco en la dermis, es decir, en el dilema que se establece en la obra. La protagonista se pasea por todas la sensaciones y sentimientos posibles cuando se encuentra cerca del Señor Kidder, y es precisamente este caleidoscopio del alma el que abre en el hilo argumental una mano de interrogantes que encuentran su cúspide en el momento adecuado mediante la buena, certera y, por último pero no por ello menos importante, crítica pluma de la escritora.

“Allí, tan cerca del océano, bufaba una brisa suave y el aire olía a lluvia. La mansión le pareció un gran barco varado. Una gran parte de la casa estaba a oscuras, solo había una luz suave en la parte trasera. Katya avanzó por el camino empedrado hasta la puerta principal y, después, caminó hasta la parte de atrás por encima del césped. Todo estaba muy oscuro. ¿Y si la veía alguien? En el puerto de Bayhead había muchos guardias de seguridad y también patrullas de policía local que se desplazaban en coches por la Avenida del Océano y por las otras calles de los ricos. Si la veían caminando por detrás de la casa… Pero nadie la vio, nadie la paró. Al llegar a la parte posterior de la casa, vio al Señor Kidder, erguido al lado de la puerta del estudio, mirando hacia fuera. Enseguida se sintió mejor: un lugar secreto, un refugio. Había una luz encendida en la terraza donde habían tomado el té el primer día. No había luna: el cielo era muy oscuro. El océano, que tendría que verse más allá de las dunas, había desaparecido y solamente se escuchaba el murmullo de las olas que iban y venían. Katya dudó, sentía una extraña sensación de inquietud al ver otra vez al Señor Kidder, antes de que él la pudiera ver.

Le gustaba que fuera un hombre tan alto, que llevara su edad con dignidad. Desde la distancia, era un hombre atractivo, porque no se distinguían las arrugas de la piel. Tenía un aspecto muy interesante, mientras la esperaba, erguido y preocupado, en el dintel de la puerta. Cuando Katya llegó, sin aliento, el señor Kidder despertó de su sueño, se afanó a ponérsele delante para cogerla de las manos y la hizo entrar en casa.

-¡Querida Katya! Por fin has venido.”

Si hay un hecho que destaca en la prosa de Joyce Carol Oates es que su pluma plasma y transmite todo aquello que sus ojos perciben ante la observación de la sociedad. En este sentido, la escritora se transforma en socióloga al exponer los problemas, las actitudes y los desafíos de la sociedad, en determinista al señalar la importancia del medio y de la herencia genética y en sabia (y por qué no artista también) a la hora de mostrarnos que la fealdad permanece escondida en el interior de lo aparentemente bello, del mismo modo que de lo aparentemente feo puede emanar un rastro de belleza. Asimismo, es capaz de crear un circuito integrado por personajes bien tallados psicológicamente, que no ocultan sus deseos, pero tampoco sus miedos y sus temores, que van pasando de una fase a otra con todo lo que ello comporta, y diría que hasta con una especie de piel-espejo que nos deja ver todo lo que son realmente, desnudos ante un lector que se pasea a sus anchas página a página.

Así pues, Oates ofrece un ejercicio de buena escritura, de aquella escritura que se trabaja con las manos, pero también con los ojos.  De aquella escritura que se hornea con tiempo y calma, sin prisa, para que luego pueda apreciarse hasta el sabor más oculto de todos los ingredientes mezclados. El secreto de la alta cocina también se comparte con la literatura.

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