El Romanticismo (+infografía)

¡Buenas tardes, amigos! ¡Ya estamos a jueves! Qué rápido ha pasado esta semana… ¿Cómo la lleváis vosotros? Hoy comparto un post acerca de un movimiento literario que me gusta mucho. ¡Comencemos! Feliz semana a todos. 😊

No puedo negar que uno de los movimientos literarios por el que siento gran devoción es el Romanticismo, de modo que hoy me dispongo a generar una pequeña cápsula divulgativa acerca de él. Para aquellos que no lo conocen, para aquellos que lo han olvidado o para aquellos que quieren simplemente repasarlo un poco. ¡Allá vamos!  La definición que encontramos en la enciclopedia es la siguiente: “Movimiento cultural que se desarrolla en Europa desde finales del siglo XVIII y durante la primera mitad del XIX y que, en oposición al Neoclasicismo, exalta la libertad creativa, la fantasía y los sentimientos”.

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Pintura de Caspar David Friedrich

Se cansaron de tanta razón. Esta podría ser la entradilla que acompañara a este post en referencia al movimiento literario, puesto que eso es lo que sucedió. Hasta ese momento, el Neoclasicismo/Siglo de las Luces/Ilustración había mantenido que la razón era toda fuente de conocimiento, pero los románticos se hastiaron. Querían libertad. El siglo XIX se caracteriza por haber vivido bajo el influjo de las consecuencias que se desprendieron de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos en el año 1776 y de la Revolución Francesa en 1789. Sin embargo, estos dos hechos no fueron los únicos que contribuyeron en el nuevo espíritu, pues el triunfo de la Revolución Industrial también acabó de dibujar el nuevo mundo contemporáneo. Así pues, y aproximadamente durante la primera mitad del siglo XIX, se produjo una nueva etapa del arte y de la sensibilidad que se denominó con el nombre de Romanticismo.

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Pintura de Caspar David Friedrich

Si nos centramos desde una visión filosófica, Kant marcó el límite de la razón. La no fundamentación racional de la metafísica hizo germinar una semilla que se acabó materializando en una corriente idealista y subjetivista de la mano de filósofos tan importantes como Fichte, Schelling o Hegel, que hicieron entrar en crisis a aquella que se había erigido como epicentro del Neoclasicismo y que dio paso a valorar a justamente todo lo contrario, la intuición subjetiva como nuevo acceso a la realidad.

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Pintura de Caspar David Friedrich

Se puede decir que la relación del Romanticismo con la filosofía era biunívoca o una se retroalimentaba de la otra por ambas partes, es decir, el movimiento literario influyó en el idealismo filosófico y este también fue influido a su vez por el otro. La valoración del idealismo se concretó en un interés por temas absolutos, como por ejemplo: el infinito, la inmensidad, el cosmos, esto es, todo aquello que sobrepasa a la mente humana, que se erige más allá de lo físico y palpable y que se aproxima más a lo sublime que a lo terrenal.

De este modo, pues, es totalmente lógico que la literatura que se engloba dentro de este movimiento centrara su interés en las dimensiones irracionales del individuo, es decir, que se manifestara a través de características como las que enumero a continuación:

El sentimiento. En este sentido, el amor se convirtió en el epicentro del ideal romántico. Tanto fue así que no conseguirlo podía llevar al enamorado a un camino de autodestrucción (no olvidemos la novela cumbre, Las penas del joven Werther).

Los sueños. Se potencia la nocturnidad, se valora el presagio, la dimensión visionaria, aquello onírico, aquello que escapa a nuestra razón. No olvidemos que un siglo después nacería el Surrealismo como expresión de todo esto.

La imaginación. La originalidad y la creatividad individuales se alzaron como valores necesarios para luchar contra la copia del modelo y la aplicación de una serie de cánones cerrados y convencionales. Así pues, se valora el exotismo, tanto en un plano temporal –se reivindica la Edad Media– como espacial –Oriente suele aparecer mucho–.

A su vez, la reivindicación de la esfera individual tiene su traducción cultural en la valoración y el enaltecimiento de los pueblos, como por ejemplo:

Todo pueblo tiene una dignidad y un derecho a la libertad mediante su propia voluntad de ser.

El genio del pueblo se expresa a través de su lengua y la cultura, hecho que despierta un gran interés por el aprendizaje y estudio de las lenguas y por todo aquello que forma parte del acervo cultural y popular de una comunidad.

Nace lo que se conoce como “folk”, hecho que desemboca en llevar a cabo estudios y compilaciones de romances, cuentos, canciones, leyendas, mitos, etc.

Esta nueva sensibilidad provocó, antes o después, movimientos nacionalistas que acabaron en procesos de unificación (como en el caso de Alemania e Italia) o bien de separación (Grecia, Irlanda, etc.).

En conclusión, un movimiento que nacía del sentimiento y para él. Que no se conformaba con lo que podía ver, sino más bien con todo aquello que podía sentir o intuir. Un movimiento que tuvo su origen en Alemania e Inglaterra pero que rápidamente traspasó las fronteras a otros países creando un fenómeno mundial.

Algunos de los nombres más importantesque representan al movimiento en los distintos países:

Alemania: Hermanos Grimm, Wilhelm, von Schlegel, Goethe, von Schiller, Hölderlin, von Kleist, Novalis, Heine.

Inglaterra: Blake, Wordsworth, Coleridge, Lord Byron, Shelley, Scott, Keats.

Francia: Madame de Staël, Chateaubriand, Dumas, Mérimée, Lamartine, Musset, Hugo.

Italia: Foscolo, Manzoni, Leopardi.

[No olvidéis que más abajo comparto una infografía].

Aquí os dejo uno de mis poemas favoritos de John Keats (1795-1821), “Oda a un ruiseñor”.

Me duele el corazón y aqueja un soñoliento
torpor a mis sentidos, cual si hubiera bebido
cicuta o apurado algún fuerte narcótico
ahora mismo, y me hundiese en el Leteo:
no porque sienta envidia de tu sino feliz,
sino por excesiva ventura en tu ventura,
tú que, Dríada alada de los árboles,
en alguna maraña melodiosa
de los verdes hayales y las sombras sin cuento,
a plena voz le cantas al estío.

¡Oh! ¡Quién me diera un sorbo de vino, largo tiempo
refrescado en la tierra profunda,
sabiendo a Flora y a los campos verdes,
a danza y canción provenzal y a soleada alegría!
¡Quién un vaso me diera del Sur cálido,
colmado de hipocrás rosado y verdadero,
con bullir en su borde de enlazadas burbujas
y mi boca de púrpura teñida;
beber y, sin ser visto, abandonar el mundo
y perderme contigo en las sombras del bosque!

A lo lejos perderme, disiparme, olvidar
lo que entre ramas no supiste nunca:
la fatiga, la fiebre y el enojo de donde,
uno a otro, los hombres, en su gemir, se escuchan,
y sacude el temblor postreras canas tristes;
donde la juventud, flaca y pálida, muere;
donde, sólo al pensar, nos llenan la tristeza
y esas desesperanzas con párpados de plomo;
donde sus ojos claros no guarda la hermosura
sin que, ya al otro día, los nuble un amor nuevo.

¡Perderme lejos, lejos! Pues volaré contigo,
no en el carro de Baco y con sus leopardos,
sino en las invisibles alas de la Poesía,
aunque la mente obtusa vacile y se detenga.
¡Contigo ya! Tierna es la noche
y tal vez en su trono esté la Luna Reina
y, en torno, aquel enjambre de estrellas, de sus Hadas;
pero aquí no hay más luces
que las que exhala el cielo con sus brisas, por ramas
sombrías y senderos serpenteantes, musgosos.

Entre sombras escucho; y si yo tantas veces
casi me enamoré de la apacible Muerte
y le di dulces nombres en versos pensativos,
para que se llevara por los aires mi aliento
tranquilo; más que nunca morir parece amable,
extinguirse sin pena, a medianoche,
en tanto tú derramas toda el alma
en ese arrobamiento.
Cantarías aún, mas ya no te oiría:
para tu canto fúnebre sería tierra y hierba.

Pero tú no naciste para la muerte, ¡oh, pájaro inmortal!
No habrá gentes hambrientas que te humillen;
la voz que oigo esta noche pasajera, fue oída
por el emperador, antaño, y por el rústico;
tal vez el mismo canto llegó al corazón triste
de Ruth, cuando, sintiendo nostalgia de su tierra,
por las extrañas mieses se detuvo, llorando;
el mismo que hechizara a menudo los mágicos
ventanales, abiertos sobre espumas de mares
azarosos, en tierras de hadas y de olvido.

¡De olvido! Esa palabra, como campana, dobla
y me aleja de ti, hacia mis soledades.
¡Adiós! La fantasía no alucina tan bien
como la fama reza, elfo de engaño.
¡Adiós, adiós! Doliente, ya tu himno se apaga
más allá de esos prados, sobre el callado arroyo,
por encima del monte, y luego se sepulta
entre avenidas del vecino valle.
¿Era visión o sueño?
Se fue ya aquella música. ¿Despierto? ¿Estoy dormido?

InfografíaRomanticismo
Infografía sobre el Romanticismo en la literatura. 
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