Háblame claro, por favor. (+ infografía)

¡Aloha, bloggers! ¿Cómo han ido estos días? Esta semana os traigo un post muy relacionado con la claridad en el lenguaje. ¿No os ha pasado alguna vez que habéis leído un texto y no habéis entendido nada de nada? No es culpa nuestra, no. Lo más seguro es que la persona que lo ha redactado no haya tenido en cuenta unos principios indispensables y necesarios a la hora de escribirlo. Hace un tiempo investigué y audité sobre la cuestión y quiero compartir con vosotros algunos de los aspectos más importantes que debemos saber. Ahora mismo os cuento acerca del fenómeno/movimiento del lenguaje claro. ¡Comencemos! y… ¡feliz finde a todos!

Si nos remontamos a finales del siglo XIX, la ilustre Generación del 98´ ya manifestaba su deseo de renovar el panorama literario español mediante un lenguaje claro, llano y directo, capaz de evitar la verbosidad hueca, un fenómeno que ya se había instalado de manera férrea varios siglos atrás. Empezaba a vislumbrarse lo que en el futuro y en nuestra actualidad se erigiría como un derecho democrático y primordial que en nuestro país, a diferencia de otros, no ha llegado a consolidarse. A comienzos de la década de los años setenta la ciudad de Washington fue testigo del inicio del Plain English Movement, un movimiento ciudadano que reclamaba y exigía la claridad lingüística, principalmente, en los documentos de índole contractual y de género jurídico, es decir, aquellos documentos que resolvían la vida y el patrimonio del individuo en cuestión. La sociedad, por tanto, se había percatado de que los organismos públicos del país no cumplían con el compromiso democrático de informar adecuadamente a sus habitantes, de ofrecerles un mensaje claro, conciso, preciso y eficaz, de hacer entender lo que realmente se quiere decir.

El movimiento pronto se expandió a los países anglohablantes y, actualmente, hay países que hacen del lenguaje claro a la ciudadanía un verdadero compromiso democrático y fundamental, como Estados Unidos o Suecia. Asimismo, tampoco hay que olvidar el empeño de la Comunidad europea por combatir los problemas burocráticos que suponen traducir los documentos de los respectivos países a un inglés claro y eficiente, pues únicamente hay que conocer la campaña Fight the fog, write clearly. How to write clearly. En palabras de Anne Vervier (2010:14): “[…] el texto profesional no es un texto literario que deba leerse como tal, sino un escrito que, ante todo, es una herramienta de trabajo”.

lenguajeclaroSin embargo, el conjunto hispanohablante ha recorrido desde siglos atrás un camino barroco, ampuloso y exagerado. España, como la gran metrópolis que era, también se encargó de imbuir a los demás países de un estilo pomposo para todos aquellos niveles formales, esto es, el nivel administrativo y el jurídico, aunque, a modo de inciso, hay que resaltar también los esfuerzos actuales de países como México[1] o Costa Rica por solventar la cuestión. En conclusión, nuestro país no ha sabido diferenciar ser formal, claro y cortés de ser formal y, por consiguiente, enrevesado, hecho que ha actuado en detrimento de nuestro beneficio.

Con el advenimiento de la transición democrática española a finales de la década de los años setenta, Cassany (2005:41) y Gelpi (2006:23) afirman que España se ha esforzado por mejorar su estilo comunicativo, pero que queda un largo camino por recorrer, sobre todo en el ámbito jurídico, que sigue siendo actualmente el gran apartado pendiente de reformar y modernizar[2]. Tal y como indican ambos autores, desde mucho antes de la dictadura se implantó un estilo que rebajaba al ciudadano a mero súbdito y, aunque desde el ámbito administrativo se ha cambiado el estilo del discurso a los ciudadanos, la renovación del lenguaje desde el marco legal ha sido y sigue siendo mucho más lenta y complicada, ya que persiste una sintaxis prolongada, una excesiva subordinación, numerosos incisos, vocabulario poco usual, estructuras barrocas y obsoletas y un estilo totalmente artificial que impide la correcta lecturabilidad al individuo. Duarte (1993) señalaba que la mejor opción recaía en saber armonizar la modernidad más internacional y ciertas particularidades de un país, además de manifestar “respeto, pero no humillación; corrección, pero no adulación”.

Ahora bien, nuestro país no solamente muestra esta patología de no utilizar un lenguaje claro y eficaz en el ámbito administrativo y jurídico, sino que llega a tratarse de un problema que afecta a otros sectores, como el financiero o el de las aseguradoras pasando, incluso, por el de aplicaciones móviles tan conocidas como Instagram, quien hace unos años debió emitir un comunicado oficial a sus clientes disculpándose por su falta de claridad a la hora de informar. En todos estos casos observamos que la problemática reside en que la comunicación que lleva a cabo la empresa se equipara al más simple marketing, es decir, a un emblema o símbolo, pero no se preocupa por cómo debería comunicarse con sus clientes, averiguar cómo lograr una sólida trabazón con ellos.

No obstante, entidades financieras como La Caixa, Banc Sabadell, BBVA o Kutxa se han preocupado por dirigirse a sus destinatarios de una forma más clara e inteligible, de la misma manera que DKV Seguros Médicos y Ergo Seguros también se han posicionado a favor de esta enmienda lingüística. De este modo, vemos que el conflicto que supone la carencia de un lenguaje llano y claro no conoce límites.

Hablar de lenguaje claro es hablar de sus respectivos principios, esto es, de legibilidad y lecturabilidad. Por este motivo, vamos a recordar de qué tratan cada uno de ellos y cómo pueden y deben cumplirse.

Entendemos por legibilidad aquello que tiene que ver con la percepción visual de lo que leemos, con un diseño bien planificado para ayudar al receptor a la hora de encaminarse en la lectura. Este principio encierra una serie de requisitos tipográficos y visuales que deben cumplirse para conseguir el propósito, tales como un tipo de letra que sea cómoda a la hora de leer, clara, con un tamaño adecuado para que no suponga un gran esfuerzo para el lector, un espaciado que permita una armonía textual, del mismo modo que unos márgenes y unos párrafos bien distribuidos y estructurados o una alineación correcta. Asimismo, el apartado cromático también cobra una fuerza relevante a la hora de cohesionar el caparazón más externo y visual del texto, colores que no sean estridentes pero que sean visibles y que se combinen bien entre ellos. Es importante decir, además, que actualmente se ha puesto de manifiesto la preponderancia de un texto multimodal, esto es, que se apoya y se sirve de otros elementos de tipo gráfico que ayudan al destinatario en la visualización de la información (emoticonos, símbolos, mapas, tablas o gráficos, entre otros). El texto legible se trata, en definitiva, de un texto que en nuestra sociedad ya no se restringe a una escritura en su totalidad, sino a una escritura que incorpora imagen y apoyo visual y que cuenta, incluso, con programas informáticos que calculan y auditan si lo es o no.

lenguajeclaro2Por otra parte, el lenguaje claro se apoya de una forma trascendental sobre el principio de la lecturabilidad. Ésta se caracteriza por crear un texto que sea fácilmente comprensible, coherente, claro, eficaz y que no caiga en la verbosidad inútil, ya sea por amplias descripciones, paráfrasis innecesarias o por el afán de demostrar los conocimientos lingüísticos del autor. La dificultad del lenguaje claro recae en que es muy complicado escribir de una manera breve, concisa y clara, pues como apuntaba de una manera muy oportuna Reyes (1998:13): “la claridad es lo más difícil de lograr. El lenguaje es ambiguo por naturaleza, y el buen escritor debe sujetarlo, afilarlo, al escribir su obra. […] aprender cómo hay que manipular el lenguaje para hacerlo rendir al máximo”. Sin embargo, este espíritu de cambio en nuestra tradición lingüística parece resistirse y observamos que no solamente afecta a una generación más adulta que lleva años empleando su costumbre lingüística particular y que se opone a la enmienda, sino que también sucede con una generación más joven que se educa en la cultura de la verbosidad inútil. Así pues, veremos a través de que directrices podemos lograr o, cuando menos, acercarnos a un lenguaje claro que rehúya todos estos inconvenientes.

A su vez, es importante remarcar que estos dos principios se imbrican con otros, los cuales también pueden ayudar al objetivo final. La legibilidad se relaciona con la usabilidad, un término común en el ámbito de la tecnología y la informática y que podemos definir como “la facilidad con que las personas pueden utilizar una herramienta particular o cualquier otro objeto fabricado por humanos con el fin de alcanzar un objetivo concreto”. Jakob Nielsen (2011), una de las mayores autoridades en este aspecto, asegura un mayor éxito  en torno a la cuestión si se enfatiza sobre el uso de la negrita para aquello que queremos resaltar, el color, situar las ideas principales al inicio mediante títulos y escribir párrafos que no superen las tres líneas. La lecturabilidad, por el contrario, se imbrica con el aspecto de la accesibilidad, esto es, el aspecto universal que asegura que una web sea usada sin ningún problema por personas con algún tipo de discapacidad, pues simplemente hará falta una página bien estructurada y con un lenguaje claro para que no haya obstáculos interpretativos a la hora de traducir esas imágenes y palabras a sonido. Así pues, distinguimos dos aspectos que abarcan distintos campos pero que se complementan entre ellos para asegurar un buen resultado final.  Veamos ahora más detalladamente cuáles son los aspectos que ayudan a lograr una mejor lecturabilidad.

 Aspectos lingüísticos:

  • Palabras cortas son más legibles que las largas (sin embargo, hay que tener especial cuidado con los acrónimos, ya que pertenecen a un campo muy concreto y se tendrían que especificar).
  • Palabras concretas (no abstractas) y precisas. 
  • Palabras simples son más eficaces que las compuestas o derivadas.
  • Palabras de uso habitual por aquellas que se usan de forma escasa.
  • Prescindir de palabras innecesarias (grupo de palabras sustituible por una sola). Por ejemplo, con referencia a -> acerca, a fin de -> para.
  • Puntuación correcta.

 

Aspectos sintácticos:

  • Oraciones cortas (tres líneas máximo) son más recomendables que las largas. No obstante, una oración corta debe contener una idea completa, del mismo modo que solo cambiaremos de párrafo cuando haya un cambio de tema.
  • Los incisos no son recomendables cuando se dan en un uso abusivo ya que hay el peligro de caer en el anacoluto. El límite se encontraría en 15 palabras.
  • Uso coherente de los conectores.
  • Es más recomendable el orden canónico SVO en las frases complejas. Una alteración del orden, sin embargo, no produce un resultado erróneo.
  • Es preferible la voz activa, ya que es la más habitual, el agente coincide con la función sintáctica de sujeto y el lector lo entiende antes.
  • La pasiva, por el contrario, va retardando más el agente de la acción y el lector se ve sometido a un modelo de sintaxis que no le es habitual. Uso poco frecuente y natural.
  • Uso adecuado de la pasiva refleja. En este tipo de oración interesa el qué y no el quién. De ahí el llamado “se” bloqueador de agente. Favorece al objetivo de imprimir un carácter impersonalizador al texto.
  • Es preferible un estilo nominal donde encapsulamos la información mediante nominalizaciones (sustantivos deverbales). Sin embargo, una nominalización excesiva y muy seguida puede crear un estilo demasiado denso. En ese caso, es preferible optar por un estilo verbal o combinar ambos de una forma ecuánime.
  • Evitar el uso abusivo de gerundios. En caso de utilizarlo, debe hacerse un uso correcto (no con valor de posterioridad o que no permita recuperar la información del quién o el cuándo).
  • Especial atención a los verbos ser, estar y haber, los cuales son de soporte y, a veces, se debe buscar una mayor precisión verbal.
  • Es recomendable optar por la negación simple, ya que la doble puede producir problemas interpretativos.

 

[1] Véase el Manual de Lenguaje Claro (2007) de la Secretaría de la Función Pública.

[2] Para un estudio  extenso y detallado, véase Montolío et al. (2011): Informe para la Modernización del Lenguaje Jurídico.

A continuación añado una infografía. ¡Be social!

infografia-lenguaje-claro
Infografía sobre los principios del lenguaje claro.

Bibliografía:

Cassany, D. (2002): La cuina de l´escriptura. Barcelona: Empúries.

Gelpi, C. (2006): “Plain language in Spain”. Clarity (55).

Duarte, C. (1993): Llengua i administració. Barcelona: Columna.

Nielsen, J. (2011): “Top 10 mistakes in web design”. Nielsen Norman Group. [en línea].

Reyes, G. (1998): Cómo escribir bien en español. Madrid: Arco Libros.

Vervier, A. (2010): “Des formations pour rédiger clairement en français”. Clear writing. [en línea], nº 1.

 

 

 

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