Los límites de Sefarad

¡Hola, blogueros! ¿Cómo se presenta vuestro finde? Aquí seguimos con un frío polar y estelar… Hoy os traigo un post con tintes reivindicativos 😂. No, no os alarméis… Simplemente he decidido desmontar un mito que no se corresponde con la realidad y la historia del país en el que vivimos. A continuación os lo explico todo. Espero que sea útil y pueda ayudar a aquel que no lo acabe de tener muy claro 🙂. ¡Mil abrazos para todos! 🤗 

El ser humano peca de generalista en muchos aspectos, aunque sepamos que no es una opción acertada ni justa. ¿Por qué inicio así este artículo? Porque observo que los errores humanos no deben trascender a lo que conocemos como rigor histórico. Expliquémoslo mejor.

La historia, en tanto que disciplina académica, necesita rigor y esmero. No, no me refiero a la historia que podemos enseñar a alumnos de la ESO o a nivel divulgativo entre un público no experto en la materia. Me refiero a la historia que intenta comprender los cimientos de un gran hecho, es decir, sus orígenes. Sin embargo, y en este caso, no voy a hablar del sustrato de un hecho, sino del de un territorio y un colectivo. A lo largo de los años he escuchado a mucha gente hablar del término Al Ándalus para denominar la actual España en la edad Media. Afirmaciones como “España se llamaba Al Ándalus en aquella época”, “Al Ándalus dominaba toda la península Ibérica” y otros sucedáneos no han pasado desapercibidos a mi oídos.

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Al Ándalus, siglo VIII. 

La cuestión que debe plantearse entonces, en primer lugar, es: ¿Qué era Al Ándalus? ¿Qué territorio abarcaba? La respuesta no tiene complicación (al menos aparente). El dominio musulmán en Hispania (recordemos que no se llamaba España en esa época) comenzó en el año 711 y terminó en 1492 con la pérdida del último reino, Granada. al-andalus-1150La máxima extensión que consiguió Al Ándalus se alcanzó a mediados del siglo VIII, donde prácticamente dominaba la totalidad de la península ibérica (incluyendo Portugal e incluso una parte del Reino Franco –la actual Francia-, concretamente hasta Poitiers). Sin embargo, en el año 929 se proclamó el Califato Omeya de Córdoba, y fue en este año cuando Al Ándalus comenzó a perder territorios frente a los reinos cristianos del norte de España, si bien es cierto que seguía controlando buena parte de la península. De este modo, podemos decir que Al Ándalus no se mantuvo como un territorio uniforme e inamovible a lo largo del tiempo, sino que fue modificándose según las épocas y las dinastías. Aquello que viene a resumirse como lo siguiente: o se ganaba o se perdía territorio y, por tanto, poder.

La segunda pregunta, pues, y centrándonos en el tema que quiero ilustrar hoy, debe ser: ¿Todo judío residente en España en aquella época era sefardita? La respuesta es única y contundente: no. Vayamos por orden.

De manera indiscriminada y más común de lo que debiera ser, se dice que Sefarad es el término hebreo que daban los judíos a nuestro país, es decir, el término que englobaba a todo el conjunto de la península ibérica. Si seguimos esta premisa, todo judío residente en España en la época medieval era sefardita. Y es en este punto donde hay que comenzar a desmontar mitos y aclarar conceptos. El término Sefarad, por el contrario, designaba las tierras musulmanas de Al Ándalus, esto es, aquellos territorios que se encontraban bajo dominio musulmán. ¿Qué quiere decir? Muy sencillo. Aquellos reinos que se encontraban bajo dominio cristiano (las llamadas tierras de Edom en palabras de los judíos) no entraban en el territorio conquistado por Al Ándalus, de ahí que no pudieran llamarse Sefarad y, en consecuencia, judíos sefarditas.

Sin embargo, a medida que Castilla va conquistando y ganando territorio desde el norte, el topónimo Sefarad se extiende a aquellas zonas que pasan a dominio cristiano. Como bien indica *Estanyol (2009:30) “Primero, con la anexión de Toledo, la numerosa comunidad judía de la zona continuó utilizando el topónimo de Sefarad para designar los territorios conquistados por Castilla, y así sucedió también con Sevilla y otras poblaciones. La progresiva ascendencia de los judíos toledanos en la corte castellana, influyó para que la denominación Sefarad incluyera finalmente todo el reino de Castilla. De esta manera, Sefarad, que en un principio designaba tan solo Al Ándalus, acabó siendo el nombre en hebreo para denominar las tierras castellanas”.

Así pues, no todo judío residente en España era sefardita, sefardita o bien se era por origen (aquel que había pertenecido a las tierras dominadas por Al Ándalus) o por extensión y comodidad (territorios conquistados por Castilla que acabaron denominados con el mismo topónimo). 

Asimismo, hay una serie de textos escritos por intelectuales judíos de la época medieval que reafirman este hecho. Echemos un vistazo a algunos de ellos.

→ Hasday Ibn Saprut (910-970), médico personal, diplomático y embajador de Abderramán,  así como mecenas y creador de la Academia Talmúdica de Córdoba, dice lo siguiente en una misiva que dirige al rey de los kázaros: “Has de saber que el nombre del país donde habitamos es Sefarad en la lengua santa y Al Ándalus en la lengua de los ismaelitas que la habitan”.

→ Moshé ben Maimón, más conocido también como Maimónides (1138-1204), fue un importantísimo filósofo medieval y de su obra Mishneh Torah podemos leer lo siguiente: “Es costumbre entre los judíos de Sefarad, África del Norte, Babilonia y Eretz Israel extender en el suelo de las sinagogas alfombras para sentarse, mientras que en los países de Edom se sientan en sillas”.

→ Abraham bar Hiya (1065-1136), filósofo, matemático, astrónomo e ilustre judío catalán expone lo siguiente en un documento redactado desde Barcelona, donde pone en conocimiento de su interlocutor lo siguiente: “Si hubiera visto entre los libros de Sefarad que me han llegado alguna obra que tratarse estas cuestiones […]”, de modo que no incluye a Barcelona dentro del territorio sefardita.

→ Yishaq bar Sheshet Perfet (1326-1408) habla así en una responsa: “en las santas comunidades de Sefarad, de Aragón, de Valencia y de Cataluña”, frase que nos indica la distinción que hace de los distintos territorios.

*Referencia bibliográfica: Estanyol, Maria Josep. Los judíos catalanes. Barcelona: PPU, 2009. 

 

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