Eros y Psique

¡Aloha, amigos! Por fin estamos de vuelta en el blog y reanudamos la actividad después de Navidad 😊 ¿Cómo han ido vuestras fiestas? Espero que hayáis podido disfrutar mucho y que estéis con las pilas recargadas. Hoy comparto con vosotros la reseña de una escultura que me fascina, una escultura especial porque aúna perfección formal y sentimiento. ¿Qué más se puede pedir? ¡Comenzamos!

Ficha técnica:

-Título: Eros y Psique  erosypsique

-Autor: Antonio Canova (1757-1822)

-Cronología: 1787-1793

-Estilo: Neoclasicismo

-Técnica: Talla

-Material: Mármol

-Cromatismo: Monocroma

-Dimensiones: 1´55 x 1´68

-Localización actual: Museo del Louvre (París)

-Tema: Psique era una chica de extraordinaria belleza de la cual cae perdidamente enamorado Eros, representación mitológica del Amor. Después de destapar el cántaro que tenía que entregar a Venus por encargo de Proserpina, la chica cayó dormida en un profundo sueño del cual solo despertó cuando Eros la besó.

No es extraño que Canova haya estado considerado como el último gran artista veneciano ya que supo conjugar a la perfección el gusto por la antigüedad juntamente con una poderosa imaginación, factores que originaban que sus obras, marcadas por un estilismo clásico, anticiparan lo que se iba a conceptualizar como la escultura moderna. En este caso, el detalle de un beso sobrepasa la simple imagen y la captación del momento hasta convertirse en una representación del amor vertebrado tanto en deseo carnal como en ternura.

erosypsiqueSi analizamos la obra desde el punto de vista de su composición, podemos observar que el italiano elabora una escultura de una extraordinaria perfección formal en cuanto a los cuerpos se refiere puesto que las dos figuras se entrelazan y forman una X a través de las alas de Eros y las extremidades inferiores de ambos. De esta manera, además, Canova se asegura el acercamiento entre los dos personajes y su movimiento, un movimiento que nos delata que el beso será sellado en un instante, en el que se unirán mente y sentimiento y que nos hace olvidar por completo de la condición de materia inerte. Las bocas de ambos, a su vez, configuran el epicentro de la X.

erosypsiqueSabemos que la pasión es un sentimiento humano que puede manifestarse de muchas maneras, y no lo es de otra manera en la escultura de Canova. Las posturas que adoptan tanto las manos como los brazos remarcan el erotismo de la escena; mientras él acoge en su mano el pecho de Psique, ella le pasa sus manos por detrás de la cabeza. El material está pulido de manera muy cuidada, por lo que nos es imposible ver ninguna arruga sobre los cuerpos de los dos adolescentes (se sabe que el autor se servía de una estrategia determinada para conseguir el efecto prácticamente real de piel humana en sus obras escogiendo el mármol más blanco y, una vez concluida la obra, afinándola con piedra volcánica y un baño de cal y ácido. De esta manera, el tratamiento hace posible que la luz se deslice por la escultura provocando un difuminado suave).

Así pues, nos hallamos ante una escultura que representa un instante anecdótico pero que anida en su interior (y exterior) la fuerza de una imagen que trasciende del detalle a la generalidad, es decir, se retrata la imagen universal del amor, un amor que según Canova se compone de deseo carnal y ternura.

En cuanto al estilo, el veneciano se erigió como la figura principal de la escultura neoclásica y supo plasmar con propio sello los valores de las nuevas directrices que se iban acogiendo después de la Revolución Francesa de 1789. No es extraño encontrar en sus esculturas la influencia del gran Winckelmann (1717-1768), quien proponía el retorno total a las formas escultóricas griegas, pues sostenía que era la única manera posible de redimir a la escultura. Sin embargo, y a pesar de que Winckelmann fue un maestro para Canova, este último se sintió en algunas ocasiones cohibido y limitado a la hora de dejar aflorar sus sentimientos en el proceso creativo. No fue en el caso de su obra Eros y Psique, está claro, pues el instinto apasionado y sugerente envuelve toda la obra por completo.

La escultura que bebió de las fuentes de la cultura grecorromana era muy clara en cuanto a sus normas a seguir: ideal de belleza, interés por la figura humana, claridad compositiva, pureza de la línea o utilización de materiales nobles para su representación. Es por ello que vemos en la trayectoria del artista una idealización que se aleja de todo tipo de movimiento brusco, espontáneo y natural, un movimiento que siquiera está presente en sus esbozos.  Sus esculturas son simplemente una representación del pensamiento, no del sentimiento. La razón que lo impregna todo. Canova nos hace ver que la forma no es la representación, sino el mismo objeto sublimado, esto es, nos ofrece el resultado final que emerge del traslado de la experiencia sensorial al del pensamiento.

No obstante, han sido muchas las veces que se ha reprochado al artista que no estableciera un estilo propio y personal que se identificara plenamente con su persona en sus obras, puesto que en ellas se puede observar un crisol que aloja desde el espíritu romántico hasta composiciones marcadas por el estilo barroco pasando por otras en que se derrocha un solemne clasicismo.

🔎Curiosidades:

✔️Antonio Canova reproduce en su escultura el instante culminante que se narra en el mito de Eros y Psique, recogido por el escritor Apuleyo en la obra El asno de oro en el siglo II d.C. A continuación comparto la historia con vosotros.

En una ciudad de Grecia había un rey y una reina que tenían tres hijas. Las dos primeras eran hermosas. Para ensalzar la belleza de la tercera, llamada Psique, no es posible hallar palabras en el lenguaje humano. Tan hermosa era que sus conciudadanos, y un buen número de extranjeros, acudían a admirarla. Incluso dieron en compararla a la propia Venus, y no advirtieron que, al descuidar los ritos debidos a esta diosa, tal vez estaban atrayendo sobre la bella y bondadosa joven un destino funesto. Venus, la diosa que está en el origen de todos los seres, herida en su orgullo, encargó a su hijo Eros: “Haz que Psique se inflame de amor por el más horrendo de los monstruos” y, dicho esto, se sumergió en el mar con su cortejo de nereides y delfines.

Psique, con el correr del tiempo, fue conociendo el precio amargo de su hermosura. Sus hermanas mayores se habían casado ya, pero nadie se había atrevido a pedir su mano: al fin y al cabo, la admiración es vecina del temor… Sus padres consultaron entonces al oráculo: “A lo más alto contestó la llevarás del monte, donde la desposará un ser ante el que tiembla el mismo Júpiter”. El corazón de los reyes se heló, y donde antes hubo loas, todo fueron lágrimas por la suerte fatal de la bella Psique. Ella, sin embargo, avanzó decidida al encuentro de la desdicha.

Sobre un lecho de roca quedó muerta de miedo Psique, en lo alto del monte, mientras el fúnebre cortejo nupcial se retiraba. En estas que se levantó un viento, se la llevó en volandas y la depositó suavemente en un pradera cuajada en flor. Tras el estupor inicial Psique se adormeció. Al despertar, la joven vio junto al prado una fuente, y más allá un palacio. Entró en él y quedó asombrada por la factura del edificio y sus estancias; su asombro creció cuando unas voces angélicas la invitaron a comer de espléndidos platos y a acostarse en un lecho. Cayó entonces la noche, y en la oscuridad sintió Psique un rumor. Pronto supo que su secreto marido se había deslizado junto a ella. La hizo suya, y partió antes del amanecer.

Pasaron los días por la soledad de Psique, y con ellos sus noches de placer. En una ocasión su desconocido marido le advirtió: “Psique, tus hermanas querrán perderte y acabar con nuestra dicha”. “Mas añoro mucho su compañía dijo ella entre sollozos. Te amo apasionadamente, pero querría ver de nuevo a los de mi sangre”. “Sea “, contestó el marido, y al amanecer se escurrió una vez más de entre sus brazos. De día aparecieron junto a palacio sus hermanas y le preguntaron, envidiosas, quién era su rico marido. Ella titubeó, dijo que un apuesto joven que ese día andaba de caza y, para callar su curiosidad, las colmó de joyas. Poco antes de que anocheciera, Psique tranquilizó a sus hermanas y las despidió hasta otra ocasión.

Con el tiempo, y como no podía ser de otra forma, Psique quedó encinta. Pidió entonces a su marido que hiciera llegar a sus hermanas de nuevo, ya que quería compartir con ellas su alegría. Él rezongó pero, tras cruzar parecidas razones, acabó accediendo. Al día siguiente llegaron junto a palacio sus hermanas. Felicitaron a Psique, la llenaron de besos y de nuevo le preguntaron por su marido. “Está de viaje, es un rico mercader, y a pesar de su avanzada edad…” Psique se sonrojó, bajó la cabeza y acabó reconociendo lo poco que conocía de él, aparte de la dulzura de su voz y la humedad de sus besos… “Tiene que ser un monstruo “, dijeron ellas, aparentemente horrorizadas, “la serpiente de la que nos han hablado. Has de hacer, Psique, lo que te digamos o acabará por devorarte”. Y la ingenua Psique asintió.

“Cuando esté dormido, dijeron las hermanas, coge una lámpara y este cuchillo y córtale la cabeza”. Enseguida partieron, y dejaron sumida a Psique en un mar de turbaciones. Pero cayó la noche, llegó con ella el amor que acostumbraba y, tras el amor, el sueño. La curiosidad y el miedo tiraban de Psique, que se revolvía entre las sábanas. Decidida a enfrentar al destino, sacó por fin de bajo la cama el cuchillo y una lámpara de aceite. La encendió y la acercó despacio al rostro de su amor dormido. Era… el propio dios Eros, joven y esplendoroso: unos mechones dorados acariciaban sus mejillas, en el suelo el carcaj con sus flechas. La propia lámpara se avivó de admiración; la lámpara, sí, y una gota encendida de su aceite cayó sobre el hombro del dios, que despertó sobresaltado.

Al ver traicionada su confianza, Eros se arrancó de los brazos de su amada y se alejó mudo y pesaroso. En la distancia se volvió y dijo a Psique: “Llora, sí. Yo desobedecí a mi madre Venus desposándote. Me ordenó que te venciera de amor por el más miserable de los hombres, y aquí me ves. No pude yo resistirme a tu hermosura. Y te amé… Que te amé, tú lo sabes. Ahora el castigo a tu traición será perderme”. Y dicho esto se fue. Quedó Psique desolada y se dedicó a vagar por el mundo buscando recuperar, inútilmente, el favor de los dioses: la cólera de Venus la perseguía. La diosa finalmente dio con ella, menospreció el embarazo de la joven, le dio unos cuantos sopapos y la encerró con sus sirvientas Soledad y Tristeza.

El caso es que Venus decidió someter a Psique a varias pruebas, convencida de que no podría superarlas; mas acudieron en ayuda de la joven las compasivas hormigas, las cañas de los ríos y las aves del cielo. La última prueba, en cambio, fue la más terrible: Psique bajó a los infiernos en busca de una cajita que contenía hermosura divina. En el camino de regreso, sin embargo, quiso ella misma ponerse un poco y, al abrir la caja, un sueño insoportable se abatió sobre ella. Y habría muerto, de no ser porque Eros, su loco enamorado, acudió a despertarla: “Lleva rápidamente la cajita a mi madre, que yo intentaré arreglarlo todo” dijo, y se fue volando. En la morada de los dioses, a petición de Eros, Zeus determinó que los amantes podían vivir juntos. Así que Hermes raptó a Psique y la llevó al cielo, donde se hizo inmortal. Y fueron juntos felices Eros y Psique y a su debido tiempo tuvieron una niña a la que en la tierra llamamos Voluptuosidad”.

✔️La obra de Canova fue encargada por Lord Cawdor con la intención de decorar el salón de su villa. Sin embargo, después de poco tiempo fue robada por Murat, hombre de confianza de Napoléon Bonaparte. El emperador quedó tan embelesado que decidió tutelar al artista.

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