Tonucci: la cruzada por los niños

¡Buenas tardes, gente! ¿Disfrutando del finde? ¡Eso espero! Hoy quiero compartir con vosotros un tema que últimamente está en el centro del huracán en nuestra sociedad. De este modo, pues, he decidido, a través de un artículo de Tonucci/Frato, ilustrar el contexto y ser capaces de plantearnos algunos interrogantes que nos pueden guiar hasta una voluntad (necesaria) de cambio (o no). La respuesta es nuestra.

Tonucci, Francesco: “¿Se puede enseñar la participación? ¿Se puede enseñar la democracia?”. Investigación en la escuela [en línea], Nº.68, 2009. ISSN: 0213-7771.

Últimamente no se puede negar que  el tema de la educación está en el candelero, pero no precisamente por la buena gestión que estamos haciendo de ella, sino por todo aquello que debemos mejorar y erradicar, tanto del currículum escolar como de nuestra mentalidad. Los nuevos métodos (o deberíamos decir el “remember” de algunas técnicas/modelos antiguos) parecen irrumpir con fuerza en el panorama educativo de manera paulatina pero firme. Ha llegado el tiempo del cambio y ponerse manos a la obra porque ya lo sabemos, o renovamos o morimos.

Francesco Tonucci es un pensador, psicopedagogo y dibujante (Frato es su alter ego al otro lado del lienzo y os recomiendo observar sus viñetas) que lleva muchos años estudiando e investigando el comportamiento infantil en la escuela, en la familia y en la ciudad, además de ser impulsor de un proyecto llamado “La ciudad de los niños”, el cual nació en Roma y ve cada vez más ciudades europeas adscritas a él.

El italiano lo tiene muy claro y así lo expone desde un principio en su artículo: o escuchamos a los niños o vamos a tener problemas (más de los que ya tenemos). ¿Por qué? Hay varias razones, y algunas de ellas pueden ser el egocentrismo y el regirnos por la ley del mínimo esfuerzo y el máximo reporte, hechos que nos sumergen en un inmovilismo cada vez mayor. ¿Y qué es lo que pretende decir Tonucci con esto? Simple. Ya no pertenecemos a esa generación de nuestros abuelos que lucharon con todas sus fuerzas por dejarnos un futuro mejor, con más comodidades y derechos. Ya no miramos por el bien y el interés de las generaciones venideras. El italiano afirma a su vez que se cambió el modelo de la ciudad medieval  por el nacimiento de la ciudad moderna, donde el centro o núcleo de esta se basaba en el encuentro, en la reunión, el intercambio y la comunicación en la plaza. Después de la Segunda Guerra Mundial se volvió al modelo medieval, es decir, al de un centro que albergaba el lujo y se relegaba la periferia a un segundo plano y lo que, formulado en otros términos, podría definirse como una ciudad marcada por la separación y la especialización. Este hecho, por tanto, ha acarreado una consecuencia que no podemos negar, y es que antes deseábamos salir a la calle mientras que actualmente deseamos llegar a nuestro hogar buscando esas mismas cosas. En casa lo tenemos todo, acceso a películas, música, comunicación con los nuestros, momentos de evasión y distensión, somos autosuficientes.

El psicopedagogo recoge que la ciudad de nuestros días tiene tres señas identitarias: una ciudad hecha para el adulto, varón y trabajador. Atrás ha quedado el papel de los niños en la calle, pues estos ya no pueden vivir ni experimentar en ella porque ya no les queda tiempo libre (se ha sustituido por tiempo organizado y de pago) y los juguetes (cuantos más mejor) sustituyen lo que él considera el craso error: la necesidad de la experiencia personal. “La ciudad de los niños”, el proyecto que inició Tonucci en el año 1991, propone a los alcaldes que pidan a nuestros pequeños que les ayuden a través de sus consejos, con sus puntos de vista, que ofrezcan otra visión y se puedan considerar favorablemente sus propuestas de mejora para su implementación. ¿Y cómo se conseguiría esto? El polifacético pensador lo ha meditado todo, por supuesto, y se basa en el artículo 12 de la Convención de Derechos de los Niños, el cual manifiesta lo siguiente: “escuchar las opiniones de los niños sobre el funcionamiento de la ciudad”. Así pues, el proyecto se lleva a cabo en escuelas con alumnos que se sitúan entre los 8 y 10 años, quienes se reúnen como mínimo una vez al año, donde el nombre de niños y niñas es equitativo en cuanto a sexo y donde no hay intromisión de los adultos. De esta manera, los pequeños ciudadanos pueden exponer y pactar sus mejoras y cambios para la ciudadb8f1451fba250c5b94fbd88277762538.

Llegados a este punto, pues, podemos cuestionarnos lo siguiente: ¿por qué no trasladar este modelo al marco educativo? De este modo, los niños podrían exponer y trasladar cuestiones a la dirección de la escuela como las siguientes: el volumen de las evaluaciones escolares, mejoras de los espacios o la necesidad de experimentar por sí solos, por ejemplo. Tonucci critica duramente todos estos puntos que preocupan a los niños, los entiende y los comparte. Se queja de muchos profesores que ejercen la incoherencia entre lo que imparten y lo que desprenden (cada vez es más frecuente ver a un maestro de lengua cometer faltas de ortografía o no saber transmitir el gusto por la lectura, por ejemplo), de una escuela que no promueve los valores ciudadanos (inculcan un modelo competitivo donde gana el mejor y no se premia la cooperación) y se percata de que tenemos niños autosuficientes (saben hacer funcionar un móvil o tableta) pero no saben hacer otras muchas cosas básicas ellos solos. Asimismo, el investigador propone el proyecto “A la escuela vamos solos”, donde los niños a partir de los 6 años en adelante, y en grupo, podrían ir solos a la escuela para incentivar su autonomía (con una gran tarea de formación tanto con ellos como con sus padres) y los valores ciudadanos de cooperación entre adultos y niños (aquí juega un papel importante el barrio, sus comercios y los mayores que pueden ayudarles también en la tarea).

Finalmente, Tonucci reflexiona sobre esta nueva ciudad que hemos creado y que traslada a los niños a la oscuridad, a la esfera no presencial. Y, del mismo modo que él, me planteo la pregunta: ¿No puede ser la calle precisamente peligrosa porque no hay niños en ella? El debate está servido.

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2 thoughts on “Tonucci: la cruzada por los niños

  1. Súper interesante lo que expones, en cierto modo me recuerda a la filosofía educativa de Montessori, quien predicaba la necesidad de que fueran los propios niños los que marcaran el ritmo de las actividades y, por tanto, de su aprendizaje.
    Es cierto que este tipo de modelos son difíciles de poner en práctica, pero de verdad, mucho mejor que lo que tenemos y hemos tenido: hace falta ya de una vez un pacto nacional para la educación, que sea algo bien hecho, bien estudiado y lo menos modificable posible.
    Los peques son más listos de lo que nos pensamos y tienen mucho que decir.
    Gracias por hacerme pasar un buen rato leyendo las cositas que cuelgas 🙂

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  2. ¡Buenas, Sara!

    Sí, en cierto modo las encuentro bastante parecidas. Lo triste es que no somos capaces de ver que la filosofía que tenemos adoptada es nefasta no solo para los peques, sino para todos. El otro día me comentaban que los niños de hoy día ya no saben leer la hora de un reloj con agujas… (no me lo podía creer). A ver si despiertan de una vez y se dan cuenta de lo que nos espera (que a este paso será una generación de autómatas…).

    Mil gracias a ti por tus siempre bonitos comentarios, ¡me alegran muchísimo! Buen inicio de semana, guapa 🙂

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