Los Arnolfini ante el espejo

¡Aloha, gente! ¿Qué tal la semana?☺️ (¿ya habéis sacado la bufanda? yo sí ❄️). Hoy empezamos finde, sí, pero antes toca nueva reseña, esta vez de un tema distinto. ¡Os desvelo ya el misterio/novedad! 😜

Decidí dedicarme a las letras de manera devota y profesional hace ya unos cuantos años Sin embargo, no puedo ocultar que entre otras muchas cosas, el arte me ha fascinado y sigue haciéndolo en todas sus manifestaciones; antes, ahora y presumo de que también en el futuro. Por esta razón, quiero inaugurar un nuevo apartado/categoría en el blog que se llamará “Cajón de Moleskine”, donde escribiré acerca de temas de diferente índole pero siempre relacionados con la cultura. Y si os preguntáis por qué esta denominación, la explicación es muy sencilla: porque será un cajón de sastre de los de toda la vida pero repletito de páginas de Moleskine, sobre las cuales siempre anoto todas mis ideas y temas. ¡Espero que os guste!

Hoy quiero inaugurar este espacio con una reseña de arte. Lo sé, no soy especialista en historia del arte ni mucho menos (y han pasado unos añitos desde aquellas clases de bachillerato estudiando obras y períodos) pero siempre me ha encantado, de modo que, a pesar de estar a años luz de un especialista, me voy a dejar guiar por la ilusión de compartir este humilde análisis de la obra de El matrimonio Arnolfini con vosotros. ¿Por qué esta obra? La verdad es que desde que la vi por primera vez hubo en ella algo que me fascinó, no sé exactamente el qué. Quizás su carga simbólica, su descripción exhaustiva de los pequeños detalles o las novedades que integra y que hasta entonces nunca habían sido vistas. Sea lo que sea, analicémoslo.

 Ficha técnica:

elmatrimonioarnolfini-Título: El matrimonio Arnolfini

-Autor: Jan van Eyck (1390-1441)

-Cronologia: 1434

-Estilo: gótico flamenco

Técnica: óleo

-Soporte: sobre tabla; 84 cm x 57 cm

-Localización actual: National Gallery (Londres)

-Tema general: la obra representa el enlace matrimonial de Giovanni Arnolfini, un rico mercader italiano, con su joven esposa Giovanna Cenami. La escena que vemos representada tiene lugar en la cámara nupcial, una cámara repleta de elementos simbólicos relacionados con la religiosidad del acto en sí, con la fidelidad, el compromiso o la fertilidad, entre otros. La suntuosidad del ropaje de ambos protagonistas demuestra que forman parte de una posición social elevada.

Jan van Eyck se configuró como el punto álgido o la cúspide de la pintura flamenca, no hay duda de ello, pues son incuestionables tanto su individualidad artística como la fuerza expresiva que emana de sus cuadros. La intensidad y la armonía que consigue transmitir al espectador haciendo uso de sus colores brillantes y profundos, caló tan hondo que acabó estableciendo un precedente.

Mirando sus obras parece imposible no dejarse cautivar por el detalle excesivo de su arte a  pincel, ese esfuerzo que se intuye por vivificar lo pequeño y lo insignificante e individualizar las figuras que en ellas se muestran y que por sí solas ya adoptan un papel relevante. No es de extrañar, por tanto, que se erigiera como un fenómeno aislado de su tiempo, puesto que nadie antes había profundizado de esta manera en las pinceladas.

Cuando observamos el cuadro hay un primer aspecto que nos sorprende y que sobrevuela por encima de los demás: el color. La composición cromática configurada por el rojo que cubre los muebles, el verde intenso que viste la novia y el marrón de la túnica que lleva el mercader. La escena se ilumina gracias a la ventana abierta (con cristales de colores que solo se podían permitir los más pudientes) que se sitúa en la parte izquierda, la cual hace resaltar la figura de la mujer que, a su vez, crea una pequeña zona de penumbra alrededor de su ya esposo. El pintor flamenco corrobora tener un dominio impecable de la pintura al óleo.

Si nos fijamos en la composición del cuadro se puede observar que esta viene delimitada por las líneas de fuga que se establecen a través de las bigas del techo y por los tablones de madera que se ven el suelo, es decir, se consigue como resultado un efecto tridimensional que produce en el espectador la sensación de tal realidad que parece posible poder entrar en el cuadro o ser un partícipe más de la escena. El pintor busca, a su vez, en la construcción del espacio, la confluencia entre los tres planos: el suelo, la pared del fondo y las paredes laterales. Sin embargo, van Eyck, excesivamente detallista y para acabar de definir el espacio, introdujo un elemento que supondría un precedente en grandes maestros del arte posteriores como por ejemplo Velázquez (imposible olvidar la imagen que se refleja de los reyes mirando a la infanta Margarita en Las meninas). Efectivamente, sí, estamos hablando del espejo. espejo Un espejo de madera convexo en la pared del fondo que refleja la presencia de dos personas que son el testimonio de la escena que se representa. A través de este recurso logra con gran inteligencia el plano que nosotros no podemos ver pero que está viendo el matrimonio. Van Eyck, no obstante, no tiene suficiente con esta novedad, que quiere dejar constancia de su nombre y su presencia “Johannes de Eyck fuit hic, 1434” (Johannes van Eyck estuvo aquí, 1434).

El marido sostiene delicadamente la mano de la mujer y con la otra hace un gesto de aceptación, ante lo que su esposa ladea ligeramente la cabeza. foto6Detrás de ellos podemos ver una cama con dosel, todo en rojo, que nos indica que se trata de una habitación nupcial, así como una lámpara que cuelga del techo y que sirve para centrar la obra.

No se puede dudar de que el cuadro se engloba dentro de la pintura flamenca, la cual tenía por costumbre inmortalizar a personajes de la burguesía de la época. El dominio de la perspectiva y de las líneas que se trazan consiguen dar como resultado una obra brillante. El efecto tridimensional que se logra con las líneas de fuga, así como con el motivo del espejo para poder ver aquello que están observando los protagonistas del cuadro sitúa esta obra a nivel realista en una de las primeras en conseguir el propósito. Su técnica fue realmente revolucionaria para los pintores de su época porque no solamente inicia la concepción moderna de la pintura sino que además renuncia a la técnica del miniaturismo que hasta entonces tanto se había utilizado.

En términos generales podríamos decir que el objetivo de esta composición es reflejar una escena cotidiana, sin más. No obstante, y si vamos un poco más allá, podemos ver que hay un mensaje religioso que la sustenta y que no es otro que el del sacramento del matrimonio. El pintor lo deja claro utilizando una serie de símbolos que lo resaltan, como es el caso de las manos unidas entre ellos, el perro como sinónimo de fidelidad y lealtad, los pies descalzos como símbolo del acto sagrado ante Dios y las formas redondeadas del vientre de la mujer, que bien pueden significar la fertilidad o el embarazo y que ha sido motivo de debate entre los expertos.  En pocas palabras, un cuadro que tiene para los protagonistas una función conmemorativa, que es la de recordar su unión matrimonial, además, claro está, de una decorativa.

 

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3 thoughts on “Los Arnolfini ante el espejo

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