“Del cuento al ballet”: Cenicienta.

¡Buenas, bibliófilos! ¡Qué frío se ha levantado hoy! Ahora creo que ya definitivamente nos hemos instalado en el otoño… ❄️ ¿Cómo ha ido vuestra semana? La mía ha sido muy intensa, la verdad, de modo que aprovecho hoy que ya puedo respirar más tranquila para traeros la nueva reseña 😊 Y cómo no… os deseo un feliz finde ¡y que sigan fluyendo las buenas energías! 💙

Comienzo a reseñar este cuento con un poco de emoción en mis ojos porque es el que cerrará el ciclo que empecé hace tres semanas acerca de este género y su plasmación en el ballet pero… creo que habrá segunda parte, porque he disfrutado muchísimo y porque creo, a tenor de vuestros comentarios, que también ha sido de vuestro agrado. Así que espero romper el tópico y que la segunda parte no sea mala. :D.

Pero vayamos al cuento que nos ocupa hoy, sin más dilación. Estoy segura de que si le preguntamos a una mujer cuáles han sido los cuentos que más ha disfrutado en su infancia, entre uno de ellos se encontraría La Cenicienta. Al menos en mi caso figuraría en la enumeración. Hasta aquí todo bien. Si formulo la misma cuestión, pongamos por caso, a tres mujeres de 20, 60 y 80 años respectivamente, la respuesta puede ser la misma, pero ¿a qué versión de La Cenicienta se referirán? Quizás no nos hayamos nunca formulado la cuestión porque este tema lo hayamos hablado con gente de nuestra edad (en mi caso la franja de los 20 a los 30) y demos por hecho que nos referimos a la película de Walt Disney pero comienzo a tener mis serias dudas si la misma pregunta la trasladara o comentara con otras franjas de edad. Y os preguntaréis (y con buen tino, por supuesto) a qué viene esto. La respuesta es muy sencilla. Obviando a mi querido W. Disney, este cuento ha tenido tantas versiones como países hay en el globo terráqueo. No puedo centrarme en todas las variantes que ha habido a lo largo del tiempo porque eso supondría una tesis doctoral pero voy a mencionar las dos que han enraizado más en el continente europeo. Por una parte, y respetando el orden cronológico, nos encontramos con la de Charles Perrault (1628-1703), publicada en 1697. Por otra, tenemos la de los hermanos Jacob (1785-1863) y Wilhem (1786-1859) Grimm, aparecida en 1812 y que difiere mucho de la del primero. Sin embargo, la versión de los hermanos alemanes ha sido la que más trascendencia ha tenido desde entonces por nuestras tierras. De este modo, pues, sabemos que La Cenicienta se trata de un cuento de hadas con muchas variantes que se han ido forjando a través del folclore de los distintos lugares y que, por tanto, se traduce en un origen y/o cuna desconocidos.

Como bien hemos dicho anteriormente, y simplemente por tener más influencia en Europa, he decidido analizar más detalladamente la versión de los hermanos Grimm. Veamos, pues.

A modo de breve y general resumen podemos decir que el cuento refleja la vida trágica de una heroína que espera ser rescatada por su príncipe y que encierra como moraleja la idea de que la bondad acaba triunfando por encima de la maldad. Hablar de Cenicienta es hablar de simbología. El eterno leitmotiv del niño que sufre la rivalidad fraternal en su propia casa o el del hijastro condenado al sufrimiento en su núcleo familiar. Su nombre no quiere decir otra cosa que “ceniza”, la ceniza que cubre sus sencillos ropajes por dormir junto al fuego. Nuestra protagonista es el alma del hogar, pues se encarga de mantener unido al núcleo familiar, pese a la pérdida de la madre y la llegada de la nueva ocupante con sus hijas. La chica, como hemos dicho, duerme cada noche sobre las cenizas, al lado del fogón, otro símbolo que actúa como continente del fuego y que, a su vez, simboliza todo aquello que se va fraguando poco a poco, es decir, la transformación. No olvidemos que la ceniza representa a Cenicienta porque duerme en ellas, sí, pero también porque ella misma es la última muestra del pasado, de aquello que ya está extinguido como el fuego y que no es otra cosa que su madre, su más tierna infancia. Esta madre, sin embargo, no queda relegada en la versión de los hermanos Grimm, ya que la hija visita la tumba de su progenitora y derrama lágrimas sobre ella. Es curioso ver cómo de aquello que metafórica y literalmente está enterrado nace el poder y la fuerza que se le brinda a la joven para afrontar la difícil situación. Sus lágrimas hacen nacer de la tumba un frondoso avellano que, como en otras muchas historias que hayamos podido leer, significa el espíritu de aquel que yace bajo tierra y sigue profesando su amor en forma de raíz y nueva vida. Un engranaje natural y cíclico. Es en este lugar, precisamente en una de las ramas del avellano, que Cenicienta encuentra la ayuda que necesita e implora y que, en contraposición a la madrina de Disney, no es sino otra figura que un pajarito. Con la ayuda de este último (y de palomas, tórtolas y otras aves que con sus alas se asemejan a aquello que forma parte de lo sobrenatural y espiritual), la chica conseguirá los tres vestidos para los tres bailes en palacio con el príncipe y se cerrará un ciclo de tres estaciones. La importancia de este número, como a lo largo de toda la historia, marcará un ciclo que queda perfectamente configurado. En otras palabras, el príncipe pasará por tres intentos para encontrar a Cenicienta, pero será en el último cuando alcance su objetivo. Otra vez más, el número tres cierra el engranaje.

Por otra parte, en esta versión de los hermanos de Hanau, el zapato de cristal se sustituye por una chinela de oro que viene a representar la libertad, es decir, las cadenas de las que se va a liberar la protagonista. Recordemos cómo el zapato es símbolo de libertad, del camino que se recorre. Los esclavos, por ejemplo, van descalzos puesto que no gozan de ella, del mismo modo que los niños también pueden ir de esta manera ya que están a expensas de sus mayores, que son quienes les guían. Esta libertad que queda representada a través del zapato es importante remarcarla, ya que hay unos personajes que se encargan de retener a Cenicienta en este castigo o condena, como quiera llamársele. La madrastra simboliza aquello que es oscuro de corazón, la cual se ayuda de sus dos hijas para conseguir su malvado objetivo: librarse del pasado que acumula el hombre al que ella ama, es decir, el padre de Cenicienta. Las dos hermanastras, y quiero incidir en la dualidad de estas dos con una metáfora que me ha parecido adecuada para ellas, podrían representarse con la epidermis (aquello que se ve y parece bonito en su apariencia, ya que en esta versión se describen como dos chicas de buen físico) y la dermis (la capa interior que recubre un corazón negro).

Y no es extraño preguntarse, cuál es el papel del padre en todo este cuento. En pocas palabras se puede resumir y explicar como la figura del rey en un tablón de ajedrez, el cual tiene poco movimiento. Es un personaje débil que se deja arrastrar por las fuerzas negativas.

Asimismo, otra de las diferencias que más destaca respecto de la versión Disney es el final. En este caso, las dos hermanastras se amputan partes de sus pies (un dedo y un trozo de talón respectivamente) para engañar al príncipe y poder así convertirse en su consorte. Sin embargo, las palomas que ayudaron también a Cenicienta siguen en su rama del avellano y al pasar el hijo del rey a caballo con las dos hermanastras, la sentencia no se hace esperar: “Vuélvete y mira, vuélvete y mira, sangre hay en la zapatilla: la zapatilla bien no le encaja, la novia de verdad aún sigue en casa“.

lacenicienta-anderson
Ilustración de Anne Anderson.

“Pero él insistió en verla a toda costa y tuvieron que llamar a Cenicienta. Ella se lavó primero las manos y la cara y fue luego hasta allí y se inclinó ante el hijo del rey que le tendió el zapato de oro. Después se sentó en un escabel, sacó el pie del pesado zueco de madera y lo metió en la chinela: le quedaba como hecha a la medida. Y cuando se enderezó y el hijo del rey la miró a la cara, reconoció a la hermosa joven que había bailado con él y dijo: -¡Esta es la novia verdadera!-“.

Pero aún hay más final que desconocemos o que se distingue mucho del que nos ha llegado en la mayoría de los casos. La maldad de las hermanastras no se pasa por alto y en el mismo día de la boda de Cenicienta con el príncipe, dos pájaros picotean y extraen los ojos de las malvadas hermanas. Ya no vale que ahora quieran ser amigas de la hermanastra por el interés, la maldad y la hipocresía se pagan con la ceguera. Y ahora sí, Cenicienta pasa del verano (su idílica infancia) al más crudo invierno para volver a renacer en la primavera.

Así pues, los prolíficos hermanos Jacob y Wilhem Grimm nos ofrecen una Cenicienta que se habían encargado de buscar por su país a través de su gente, recopilar esta y muchos más cuentos de hadas,  leyendas, farsas y fábulas, y ofrecerlos al público con la voluntad de dejar forjado un folclore popular. Haciendo uso de un lenguaje sencillo, dulce y conciso dirigido a niños (y no tan niños), los alemanes nos muestran un breve cuento que, al igual que muchos otros, encierra en una arquitectura de apariencia infantil algunas de las cuestiones más duras con las que se puede enfrentar todo humano, desde la maldad hasta la hipocresía pasando por el abandono o la tristeza infinita, por ejemplo.

Aquí os dejo algunos enlaces de su representación en el ballet (que se ha hecho siguiendo tanto la versión de Perrault como la de los Grimm).

📌Compañía Nacional de Danza de México: https://www.youtube.com/watch?v=QBI2Dh5GXdY

📌BYU´s Theatre Ballet: https://www.youtube.com/watch?v=p_AlohD4Vk4

Y, a modo de curiosidad, cómo el nombre de Cenicienta ha variado en algunos países:

Cendrillon (Francia)

Cincenta (Galicia)

Cenerentola (Italia)

Ventafocs (Cataluña)

Aschenputtel (Alemania)

Cinderella (Inglaterra)

Askungen (Suecia)

Popelka (República Checa)

Errauskine (País Vasco)

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4 thoughts on ““Del cuento al ballet”: Cenicienta.

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