“Del cuento al ballet”: Las zapatillas rojas.

¡Feliz tarde de jueves, compis! Ya sabéis lo que toca muchos jueves, ¿no? ¡Exacto! -> reseña. 😊. ¿Cómo está yendo vuestra semana? Parece que definitivamente ya ha llegado el otoño (¡y las calabazas ya nos acechan! 🎃 🕷). Hoy os traigo la reseña del segundo cuento del ciclo, en este caso Las zapatillas rojas, escrito por Hans Christian Andersen (1805-1875) y publicado el mismo año de su muerte en el primer tomo de Nuevos cuentos de hadas. Espero que os guste y que no dudéis en comentar lo que queráis. ¡Feliz semana a todos y disfrutad del finde! 💚💙💜

Una de las primeras imágenes que anida en mi pensamiento cuando inicio la lectura de una obra (y de esto hace ya muchos años) es imaginarme al autor escribiendo ese mismo manuscrito a meses, años, décadas o siglos de distancia. (Lo admito, soy un alma romántica). Y no ha sido distinto cuando he vuelto a tener entre mis manos los cuentos de Andersen (y digo “he vuelto” porque desde muy pequeña me sumergí en sus letras hechas cuentos y recuerdo perfectamente esos libros exquisitamente ilustrados, con tapas duras e incluso el aroma que se colaba entre sus páginas). Me resulta dificultoso poder imaginar a alguien que no haya escuchado el nombre de este gran escritor, puesto que títulos como La sirenita, La pequeña cerillera, Pulgarcita o La reina de las nieves, entre otros, han poblado muchas horas de nuestra infancia y nos han ofrecido un billete de ida al maravilloso mundo de la imaginación infantil. Sin embargo, esta vez, no voy a entrar en las distorsiones ejercidas por Disney (y que conste que soy una chica que ha crecido con sus películas y a quien le encantan), pero todo llegará. Hay que explicar las cosas tal como son, sin duda.

Siguiendo con el ciclo “Del cuento al ballet”, hoy me propongo reseñar Las zapatillas rojas, como ya os he dicho anteriormente, un cuento de hadas que también ha sido objeto de representación en el balletlaszapatillasrojas. Y no solo como ballet, sino también como película inspirada lejanamente en el cuento del danés bajo el título “The Red Shoes”, estrenada en el año 1948 y dirigida por Michael Powell y Emeric Pressburger.

Si hay que resaltar alguna característica de los cuentos de Andersen, sin duda, es el mensaje que se desprende de ellos, mensaje que muchas veces puede llegar a ser serio y/o duro. Y en el caso del cuento que hoy nos ocupa, no sucede de distinta manera. Si alguien nos pregunta cuál es el argumento central de la obra, podríamos decir lo siguiente: se trata de un cuento que narra la historia de la pequeña Karen, una niña muy humilde que tras la muerte de su madre es adoptada por una anciana aposentada. El día de su confirmación como cristiana, la niña elige unos bonitos zapatos rojos para la ceremonia, ignorante en todo momento de lo que sucederá posteriormente, pues una vez finalizada la misa, sus zapatos rojos la harán prisionera de una danza eterna e insufrible, sin poder parar de bailar aun en contra de su voluntad.

No estaríamos mintiendo si lo resumiéramos de esta manera, en absoluto. Pero puede que nuestro interlocutor quede en estado de shock pensando cuestiones como las siguientes: ¿Un cuento para niños nos habla de una condena? ¿Por qué? ¿Cómo es posible que sea un cuento infantil una obra en la que el final parece no ser feliz? ¿Qué consigue Andersen con esto? Y también es verdad que nuestro interlocutor no estaría loco y sus preguntas serían más que comprensibles, puesto que en nuestro ideal asociamos infancia con felicidad y ternura.

La respuesta no puede ser otra que la siguiente: el cuento siempre tiene una función moralizadora, siempre nos ilustra una moraleja que nos sirva útilmente en nuestra propia vida y experiencia. Y si bien es cierto que los cuentos de Andersen pueden llegar a ser crudos en determinados momentos, esta técnica atiende a la voluntad de querer captar al yo emotivo y que este mismo se dé cuenta del mensaje. Dicho en otras palabras, el elemento fatal capta nuestra atención y nos puede hacer plantear algunas cuestiones que habían pasado desapercibidas hasta el momento.

En realidad, este cuento nos habla del deseo llevado a la obsesión. Karen siente un intenso deseo desde el primer momento por los zapatos rojos (del mismo color que fueron las sencillas y humildes zapatillas que calzó en el entierro de su madre porque no tenía otras), unos zapatos que se convertirán en locura para la niña por encima de todo. No hay otra cosa que valga, solo los zapatos rojos centran su atención y su deseo. Si comenzamos a hilar de una manera más simbólica, los zapatos van estrechamente ligados a nuestros pies y al suelo, a la base, a nuestro punto de apoyo. Y los pies a la libertad, a la voluntad de avanzar, a las huellas, al camino recorrido. Si analizamos estos símbolos a lo largo del cuento, vemos que la niña deja su suelo hasta el momento (el de la humildad y el trabajo duro –recordemos las humildes y apedazadas zapatillas–) para apoyarse en uno mejor, el que le concede la anciana desde el primer momento que la ve desde su carruaje (la eterna figura de la jaula de oro). De este modo, entonces, Karen deja a su propia persona, se produce una pérdida de identidad para entrar a ser miembro de otro sistema totalmente ajeno a ella, a otras normas y a otro código. Lo que para ella hoy es un bonito carruaje, mañana será su prisión. Por otra parte; la anciana representa la experiencia, la sabiduría, la voz que intenta alertarla del peligro y de todo aquello que no está bien, es decir, todo aquello a lo que la niña no presta atención. Sin embargo, y en contraposición a la inmadurez y a la inconsciencia, el ángel representa el inconsciente, la realidad que nos puede o no gustar pero que es imborrable.

laszapatillasrojas-andersen
Ilustración de Anne Anderson (Escocia. 1874-1930).

“Todo el mundo le miraba los pies a la niña, y en el momento de entrar en la iglesia aún le parecía a ella que hasta los viejos cuadros que adornaban la sacristía, retratos de los párrocos muertos y desaparecidos, con largos ropajes negros, tenían los ojos fijos en los rojos zapatos de Karen. Ésta no pensaba en otra cosa cuando el sacerdote extendió las manos sobre ella, ni cuando le habló del santo bautismo, la alianza con Dios, y dijo que desde ahora Karen sería ya una cristiana enteramente responsable. Respondieron las solemnes notas del órgano, los niños cantaron con sus voces más dulces, y también cantó el viejo preceptor, pero Karen sólo pensaba en sus zapatos rojos”.

Las zapatillas rojas en su conjunto me recuerda a un rito de pasaje, el rito que se produce cuando se traspasa de un estadio a otro, en este caso al del cambio social y de edad, a la transformación, a la experiencia del propio yo, al antes y al después (y que en este caso resumiría perfectamente la siguiente expresión: “salir de las brasas para caer en el fuego”). Y es aquí donde me detengo a resaltar otra vez el indudable poder del color rojo, puesto que hay la reminiscencia de los antiguos ritos en que la niña pasa a mujer debido a la menstruación, de la tierna infancia a su consagración como poder sexual femenino.  Pero no olvidemos también que este color es sangre, sacrificio, pasión, lucha, herida.

Es difícil reseñar una obra cuando no quieres desvelar el final, a veces llega a ser muy complicado. Por ello intentaré concluir esta reseña de la manera más sutil que pueda. La historia de Karen no es otra que la de una niña/mujer que no es consciente del peligro de aquello que desea fervientemente. ¿Quién no ha escuchado esa frase de: “ten cuidado con lo que deseas, a veces los deseos también pueden jugar a desfavor”. ¿Y cuál es el resumen de todo ello? Hay que ser prudente, escuchar la voz de la experiencia, no cegarse en aquello que deseamos, ver que más allá de eso hay otras cosas, porque lo que hoy puede ser un regalo, mañana puede ser un castigo y una condena. Con o sin solución. Y esto solo lo podréis saber si leéis el cuento. No es de extrañar que Andersen se haya configurado como uno de los mejores cuentistas de todos los tiempos, ya que su pluma se dirige a los niños pero la tinta con la que escribe está impregnada de edad adulta, de mensajes directos e indirectos, de metáfora, de imagen, de moralejas, de artillería sutil pero moralizante, infantil y ejemplarizante. Una vez más, el sello que el danés supo forjar con su tinta deja huella.

Aquí os dejo varios enlaces relacionados con la reseña:

🔎Ballet: https://www.youtube.com/watch?v=ktv3-1JTspc

🔎Tráiler de la película: https://www.youtube.com/watch?v=WFcOqyWBKYg

🔎Cuento de H. C. Andersen: http://ciudadseva.com/texto/los-zapatos-rojos/

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