“Del cuento al ballet”: El cascanueces.

¡Hey, amigos! ¿Cómo va la semana? Venga, va, que ya falta menos para que llegue nuestro querido viernes… ☺️ y hoy os traigo una novedad, ya que voy a iniciar un mini-ciclo sobre cuentos y ballets, ahora os lo explicaré más detalladamente 😊, pero la verdad es que tenía muchas ganas de compartirlo con vosotros en el blog, así que espero que os guste. Por mi parte os envío un gran, gran abrazo y… ¡only good vibes! 💚💙💜

En la mayoría de los casos, cuando hacemos el ejercicio de recordar nuestra infancia, los cuentos tienen un papel principal, ya sea porque nos encantaba escucharlos, leerlos o mirar las bonitas ilustraciones que contenían. Y me atrevo a pensar que en algunos casos, entre los cuales me incluyo, este gusto por ellos no desaparece nunca. Los motivos pueden ser varios, por supuesto, como la nostalgia, los bonitos y remotos recuerdos, cariño, ese niño que en el fondo nunca hemos dejado ir de nuestro interior o simplemente porque nos gusta la literatura en todos sus géneros. Y creo que este último motivo se convierte a su vez en el primero.

Pues bien, haciendo memoria de los cuentos que más había apreciado cuando apenas era una niña, aterrizaron muchos por las carreteras de mi mente y rápidamente hice la asociación cuento-ballet, es decir, asocié el género a la forma. El cuento que se transforma en ballet, la letra que se transforma en movimiento. Y pensé: si los cuentos y la danza siempre han gozado de predilección en mi vida, ¿por qué no revisarlo, explicarlo y divulgarlo en el blog?, de modo que me dispongo a crear el ciclo denominado “Del cuento al ballet”, que tratará de ver algunos de los cuentos en versión original (y subrayo este sintagma preposicional porque no me refiero a la versión edulcorada/Disney que nos han legado, sino a la primigenia) y cómo se han adaptado en movimiento a la danza clásica. Cuentos como Pinocho, La Sirenita, La Bella durmiente, El jorobado de Notre Dame, Hansel y Gretel o El libro de la selva, entre otros, tienen finales muy distintos al “happy end” que nos ha llegado en nuestros días pero para ello tendremos que pensar en otro ciclo más adelante 🙂 .

En esta primera entrada sobre el ciclo voy a detenerme en El Cascanueces, un cuento escrito en 1816 por Ernst Theodor Amadeus Hoffmann (1776-1822), más conocido como E.T.A Hoffmann, y que más tarde también adaptó Dumas padre. El ballet basado en el cuento se estrenó en 1892 con banda sonora de Chaikovski y libreto escrito por Petipa a través del cuento adaptado de Dumas.

elcascanueces

Hagamos un breve resumen del argumento. El 24 de diciembre los hermanos Fritz y Marie reciben con muchísima ilusión a su padrino Drosselmeyer y los regalos de este. Esta vez les ha construido un maravilloso castillo, un ejército de húsares y otro regalo que espera bajo el árbol de Navidad y que centra la atención de la pequeña Marie desde el primer momento. Es el Cascanueces. Desde el instante en que la pequeña lo descubre nace en ella un sentimiento especial, de ilusión y de cariño y que supondrá el inicio de la maravillosa historia que vivirá junto al muñeco de madera, al cual ayudará en su batalla para librarse de un maleficio, y que la transportará hasta aquello que jamás había imaginado, un paseo repleto de fantasía que la trasladará a episodios protagonizados por ratones, figuritas de mazapán, ejércitos de diminutos soldados, prados que albergan mil tesoros, casas construidas por dulces golosinas y un sinfín de maravillas más. Un delicioso cuento en esencia y en forma.

Cuando ya no eres un niño y vuelves a leer El Cascanueces es inevitable arrastrar la estela de lo que supuso para ti esa obra siendo pequeño (muy bonita, tierna, emotiva, un verdadero cuento de hadas, etc.). Sin embargo, cuando vuelves a tener entre tus manos el mismo cuento y lo observas y analizas con ojos de persona adulta y madura, las cosas cambian. Puede que para mejor o para peor, o simplemente para sustentar con argumentos de peso los adjetivos que aplicaste hace muchos años de manera pueril. Con ojos de adulto, El Cascanueces se reafirma de manera  doble. Por una parte, los adjetivos vuelven a ser los mismos; por otra, la esencia que lo envuelve todo y que logras captar y entender a través de los pequeños detalles es fabulosa. Se trata de un cuento de hadas que juega con todo el lirismo posible por parte del autor de principio a fin, construyendo una pieza única. Si bien es cierto que Hoffmann se engloba dentro del Romanticismo alemán y que este periodo se caracterizaba, entre muchas otras cosas, por la recreación en temas fantásticos como cuentos y leyendas, el autor despliega una artillería lírica con tintes preciosistas que hacen de su pluma una de las grandes. Y no hay ninguna duda al respecto.

El alemán sabe forjar una historia escrita a través de una prosa ligera y sutil pero al mismo tiempo rica y poética, de una visualidad asombrosa. A medida que sus líneas van deslizándose por el papel, se observa una escritura ambivalente que puede situarse tanto en el extremo de la sinfonía más meliflua como en el extremo de la descripción terrorífica y sangrante (todo visto desde la óptica de un niño, por supuesto), es decir, puede hablarnos de cosas maravillosas, dulces y evocadoras de un paraíso infantil pero a su vez describe el leitmotiv de la venganza de un ratón, el intento de asesinato de un cascanueces o un hechizo maléfico, por ejemplo. El ying y el yang desde la perspectiva de una criatura. Hoffmann, haciendo gala de su espíritu puramente romántico, bebe de los cuentos y leyendas populares creando una historia que recuerda a esas muñecas rusas (matroska) que van una dentro de otra, ya que dentro del cuento de hadas incluye otros más breves. Digamos que crea un metacuento.

elcascanueces-carrozaCon paso rápido el Cascanueces continuó su camino; Marie le siguió llena de curiosidad. No mucho después se levantó un delicioso aroma de rosas y todo parecía envuelto en un dulce brillo rosado. Marie comprobó que era producido por el reflejo de un agua roja refulgente que fluía entre las maravillosas notas y melodías que producían los murmullos y chapoteos, formando pequeñas olas de un rosa plateado. En aquellas encantadoras aguas que se extendían cada vez más hasta parecer casi un gran lago, nadaban hermosísimos cisnes blancos como la plata, con lazos dorados en el cuello, que cantaban compitiendo por entonar las más bellas canciones, a cuyo son saltaban en las rosadas olas pequeños pececillos, como diamantes en un divertido baile.

A lo largo de 126 páginas, el polifacético autor de Königsberg logra crear un cuento que destila lirismo y preciosismo de sus líneas como si se tratara de gotas de elixir. Un ejercicio como el que forja Hoffmann con El Cascanueces es difícil de olvidar y no es de extrañar que, por esta misma razón, se haya convertido en uno de los clásicos preferidos por los niños (y por los que ya no somos tan niños) y uno de los ballets más populares de todos los tiempos. Larga vida al Cascanueces.

→Aquí os dejo el enlace de unos de los muchos ballets que se han representado de esta inolvidable obra.

https://www.youtube.com/watch?v=xtLoaMfinbU (Ballet completo. San Petersburgo, 2012).

https://www.youtube.com/watch?v=6w4fDW8aBtg (Ballet completo. New York City Ballet, 1993. Formato película).

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2 thoughts on ““Del cuento al ballet”: El cascanueces.

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